Max y Moritz

Max y Moritz, de Wilhelm Busch. (Traducción libre de un servidor. Versión original y en inglés.)

Prólogo

¡Ah, tan seguido de malos niños
escuchamos tantas cosas o leemos!
Por ejemplo los que aquí vemos,
cuyos nombres son Max y Moritz.

Los que, en vez de seguir lo Bueno,
mediante sabias y útiles lecciones,
reíanse de tales pretensiones,
y, burlándose, pasábanlo ameno:

-¡Sí, al mal maestro!
¡Sí, para eso está uno presto!-
Atormentar hombres y animales,
robar manzanas, peras y ciruelas:
es más agradable en todo caso,
y, ¿no más cómodo es, acaso?
Que en la Iglesia o en la escuela
quedarse sentados..- ¡Qué pereza!

Pero, ¡Oh cielos, Oh cielos,
Al final cuanta tristeza al verlos!
Ah, y de algo tan terrible,
fue a Max y Moritz, increíble.
Aquí está escrito y dibujado
lo que a los chicos esos ha pasado.

Primera Travesura

Hay la gente que se esfuerza
por cuidar sus aves y la crianza.
Primero claro, por los huevos,
los cuales cada mañana comemos.
Segundo, porque, de vez en cuando,
cenamos una carne asada o estofado.
Tercero, y hay que ponerse buzo,
pues son sus plumas de mucho uso,
rellenan el interior de las almohadas,
para taparse en las noches heladas.

Mira, ahí está la Viuda Bolte,
a la cual tampoco gusta el mote.

Sus tres gallinas ahí están,
Y el gallo orgulloso y galán,
Max y Moritz entonces pensaron,
lo que podrían hacer, planearon.
Y en un dos por tres, como si nada,
partieron un pan de rebanada:


En cuatro partes de cada trozo,
con el grueso del pulgar de un mozo,
Los ataron entre sí con hilo
en una cruz, uno por cada filo.
Y dejaron listo así su tejer,
en el granero de la buena mujer.
Apenas el gallo vio la maraña,
comenzó su canto como de mañana,

¡Quíquirikí, Quíquirikí!
Tac, tac, tac, ¡claro que sí!

Gallo y gallinas se precipitaron
Y cada pedazo de pan devoraron.

Cuando al final captaron la trampa
que estaban atados por la garganta,

Unidos en cruz y en las transversales,
jalaron aquí y allá, los comensales.

Y al aire volaron, todos al cielo
¡Ah, Ah! ¡Qué duelo, que duelo!

Ya están quietos como en la cama,
colgados todos sobre la seca rama,
Y sus cuellos se estiran y estiran,
Mientras sus cantos aumentan en ira,

Y cada uno deja un huevo caer,
Y la muerte los roba al amanecer.

La viuda Bolte en su habitación,
despierta del sueño por tal conmoción.

Aprensiva, sale desde su casa
“¡Oh Dios! ¿Qué es lo que pasa?”

De sus ojos fluyen las gotas:
“¡Toda esperanza, en bancarrota!
Mi sueño más dulce, el más humano
cuelga ahora de un triste manzano!”

Ahora muy perturbada y contrita
saca el filoso cuchillo y los quita,
tomando sus cuerpos duros y fríos,
ya no cuelgan sus vidas de hilos.

Y luego, con un silencioso llanto
Regresa a su casa después del espanto.

Esta fue la primera travesura,
Y la segunda le sigue con premura.

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Published in: on junio 11, 2008 at 5:38 pm  Dejar un comentario