Los Templarios del Chipotle (I)

Éramos una orden secreta, al puro estilo de los masones, merovingios o rosacruces. Surgimos por necesidad, más que nada porque nuestras infancias, culturas y personalidades eran tan distintas como nuestros lugares de origen: Puebla, Tabasco, Monterrey. DF, Veracruz.
Cosas de soledad, eso de formar bandas y frentes y guerrillas; cosas de mexicanos perdidos lejos de casa y que tratan de cuidarse las espaldas los unos a los otros. Y no sé si vino primero la orden o la pregunta, lo cual sin duda poco importa ya que el resultado hubiera sido el mismo. Tal vez nos adelantamos a la pregunta al vernos las caras y descubrir los abismos que existían entre las vidas de los presentes involucrados. Pensamos todos juntos—incluso inconcientemente, o al menos en ese entonces—la pregunta al mismo tiempo, que muy apenas a eso llegaba y en realidad era sólo una palabra entre dos signos de interrogación y en ocasiones ni eso.
‘¿Mexicanos?’—y después—‘¡Sí claro, Fiesta, Tequila, Sombrero, Cinco de Mayo, Ciudad de México: ¿más grande del mundo, o casi?, Tacos, Quesadilla y Tequila!’ Y efectivamente así sucedió, o así quisimos e hicimos que fuera. Nuestra orden secreta estaba lista para todo eso y más. Poco o nada había que inventar, es decir, sólo era cuestión de recordar cualquier película en blanco y negro que pasaban en el canal 5 a eso de las tres de la mañana y listo. ‘¡Pedro Infante y cómo extraño los tacos después de una peda!’, gritábamos cuando había alguien que nos escuchara o que hiciera la pregunta infame. Cuando se iban descansábamos un poco y nos veíamos las caras tiesas. Finalmente quedábamos solos en Münchener Freiheit y en silencio sacro comíamos un Kebap.

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Published in: on julio 5, 2008 at 5:25 pm  Dejar un comentario