Boda

Alberta se divorció de Dios para casarse con un gringo, dijo con fingido resentimiento mi abuela. Y es que mi tía se había ordenado monja en un convento de Parral hace cinco años; y luego, debido a causas de salud, había dejado la orden hace año y medio, volviendo a Jiménez entre una polvadera de chismes. Un dolor inmenso, solía decir mi abuela. Lo cierto es que, durante el período entre matrimonios, la convivencia en casa de mis abuelos había llegado a enrarecerse y volvióse insoportable. Mis abuelos no estaban acostumbrados a tener hijos en casa, al menos no de forma permamente. Ahora que Alberta salía por segunda vez del hogar materno, la levedad volvía a instalarse en los cuartos, la cocina y el comedor.

Alberta conoció a su segundo marido en un portal de citas de internet. Hablaron por webcam y se gustaron de inmediato, aunque no creo que tuvieran cybersexo: ya eran un poco mayores y probablemente sintieran algo de pena por el mero hecho de necesitar una herramienta informática para encontrar pareja. Añadirle el esfuerzo extra de simular erotísmo virtual no era cosa a la cual mi tía Alberta estuviera dispuesta, en especial considerando que acababa de salir de una relación puramente a distancia con Dios Nuestro Señor. El caso del gringo, Joseph su nombre, e ingeniero eléctrónico su profesión, se entendía sin mayor problema: a diferencia de mi tía Alberta, quien todavía conservaba al menos la mitad de la belleza de su juventud, Joseph poseía la hermosura propia de quienes carecen totalmente de atractivo físico. Me resulta imposible eludir la figuración de Joseph arreglando un  sistema de iluminación que oculte, o que al menos atenúe, los miles de hoyos de acné en su cara, residuo de una truculenta pubertad, para después encender la portátil y entrar en conexión audiovisual con mi querida tía Alberta. Imaginarlo quitándose la ropa y profiriendo mascullos sensuales a su ordenador me resulta desagradable en extremo, por no decir grotesco, y seguramente resultaría la peor táctica para ganar puntos con mi tía. Lo más probable es que ambos se hayan ocultado detrás del monitor el mayor tiempo posible: mi tía acostumbrada a su velo, el gringo acostumbrado a su fealdad.

Published in: on septiembre 26, 2008 at 6:00 am  Dejar un comentario  

Rebeldía

Hacer una novela en México sin narcotraficantes, tequila, el DF, violencia, contracultura, políticos, tribus urbanas, corrupción en todas sus formas, surrealismo, el ’68, atractivos turísticos, violación indiscriminada de derechos humanos, pobreza extrema, ultraderecha, ultraizquierda, ultracentro, conspiraciones, aztecas, mayas, fines-del-mundo, toda forma de constumbrismo rural y/o citadino, migración, racismo, explotación laboral, viajes en el tiempo y, en general, amor.

Published in: on septiembre 26, 2008 at 4:26 am  Comments (1)  

Mercatura

En “Ampliación del Campo de Batalla” Michel Houellebecq se centra en la idea de que el libre mercado tiene su paralelo en el libertinaje sexual, creando condiciones similares a la distribución desigual de riqueza en el plano íntimo. Así pues, Houellebecq maneja que es posible encontrar individuos con una gama de experiencias sexuales tan diversas como el número de individuos que solamente conocen la mano amiga.

¿Qué significado tienen sus ideas en un país como México? Para empezar, supongamos que nos es imposible alejarnos tanto de los curas como de los sobornos. Nada tan tradicional como la moral católica y la corrupción, mezcladas como chile y chocolate, nada tan típico y folclórico y mexicano. Una simplificación grosa del planteamiento de identidad nacional, aunque también digna del no muy sutil escritor francés.

La moral católica funcionaría dentro de la propuesta de Houellebecq como limitante en la acción de las fuerzas del mercado. Podríamos pensar en ella a modo de barreras arancelarias contra las trasnacionales, o contra los individuos atractivos que depreden víctimas sin el menor asomo de conciencia. Estos verán que rápidamente terminan por volverse identificables y, neutralizados por su propio historial, se encontrarán forzados a disminuir la intensidad de su ritmo de encuentros y frente al conformismo de una vida estable.

Aun así, como cualquier cosa en México, es posible sacarle la vuelta. La corrupción es la consecuencia natural de la moral, la otra cara de la moneda. Y al combinarse los factores de suma prohibición por parte de la autoridad y del enriquecimiento acelerado en sectores específicos de la población, se antoja insuperable.

La consecuencia final de ambos factores en la teoría de la ampliación del campo de batalla es imposible de eludir: mientras que los individuos atractivos se ven limitados por la moral, su lugar es parcialmente suplantado por aquéllas personas que puedan comprarlo, independientemente de las cualidades físicas o intelectuales correspondientes.

Finalmente, el efecto de suplantación podría ser tan generalizado que nuevos estándares de belleza surgirían con el fin de modificar la fantasía, apegándola a la realidad.

Published in: on agosto 26, 2008 at 6:02 am  Dejar un comentario  

Palabras que aprendo gracias a Bolaño

verecundia, eclosión, patialbo, acezar, reyerta, lenocinio, barahunda, cariacontecido

y términos de poesía, dichos por el poeta García Madero:

perífrasis, pentapodia, nicárqueo, tetrástico, falecio, rispetto, strambotto, serventesio, pareados, síncopa, sextina, gliconio, logaédica, cataléctica, hemíer, hexámet, dactílico, fonosimbolismo, epanortosis, pitiámbico, mimiambo, homeoteleuton, paragoge, hápax, zéjel, saturnio, quiasmo, dímetro, yámbico, cataléctico, itifálico, hemistiquio, proceleusmático, moloso, ictus, arsis, asclepiadeo, espondeo, epanalepsis, epanadiplosis, catacresis, arquiloquea, albada, epicedio, elegiaco, alcaica, epítrito.

Published in: on agosto 15, 2008 at 12:15 pm  Comments (2)  

Software Fantástico

El Compilador: Aplicación post-literaria encargada de enlazar redes neuronales adaptables, con el fin de determinar la originalidad probabilística en un texto de ficción. El Compilador funciona mediante el procesamiento paralelo entre los nodos de similitud semántica, y en su ordenamiento cronológico para asignar puntos de originalidad bajo un esquema esclavo-maestro. Así pues, no sólo se determina el valor de la obra en relación a lo previamente escrito y compilado, sino que también se deja latente un posible ascenso en caso de una influencia notable en textos posteriores.

Dentro de los últimos resultados obtenidos, en el ámbito relativo a la ficción occidental, Homero con su Odisea se mantiene en el puesto No. 1, denotándose como obra de mayor originalidad e influencia: 99.9% del total. Siguiéndole de cerca, Cervantes y Shakespeare con un 87,6% y 85,8% respectivamente. El promedio de originalidad en un clásico universal ronda el 50%, variando con una desviación estándar de tres puntos. Los textos de mayor acogida popular dentro de las mesas de novedades: 15%.

En el otro extremo, ligeramente arriba de blogs, diarios y revistas de crítica cultural (las cuales, inusitadamente, han alcanzado a valores negativos en la escala), se encuentra la obra del español Enrique Vila-Matas, con una originalidad que en los últimos meses ha pasado de 0.1% a 0.5%; por lo que es posible notar que el algoritmo se mejora a sí mismo día con día.

¡Enhorabuena!

Published in: on julio 30, 2008 at 8:56 pm  Comments (4)  

Sobre el Fracaso (I)

La nostalgia tiene rostros intercambiables, infinitos, o mínimo tantos como se los permita la estupidez de la memoria. De ahí que, en días como los que ahora corren, me ponga a pensar en lo que fue de los planes frustrados, siendo ésta una de las formas de nostalgia que encuentro más benévolas para los días lluviosos ¿Qué mejor que el repasar los intentos fallidos, los tiros cebados o los inicios en falso durante los tiempos muertos, esos que se pasan junto a una ventilla que escurre, o que se alargan a la sombra de un árbol petrificado, sentado en la banca de un parque? El momento ideal para emborracharse de recuerdos ficticios no es al marco de una despedida o a la expectativa de un encuentro—momentos éstos demasiado vitales como para lograr desprenderse completamente del presente—sino en medio de desconocidos y sin prisa alguna: como quien espera un tren cuyo destino le es indiferente o, a lo sumo, necesario e inevitable.

Creo no ser ni el primero ni el último en asegurar que los fracasos, al igual que los éxitos, pueden rastrearse en reversa hasta un hecho concreto en el pasado de una persona. Ya identificado este instante, sólo es cuestión de seguir las líneas causales que desembocan en la tragedia final o, como pasa con mucha más frecuencia, en el olvido. (Una verdadera lástima, si me lo preguntan. Todas esas pequeñas anécdotas podrían acumular volúmenes enteros de un proyecto infinito, de una Historia Universal de la Idiotez, mucho más interesante y variada que la Historia oficial o la Historia de los ganadores. Entiéndase de este modo: si para ganar hay pocos y difíciles caminos, para fracasar estrepitosamente existe una variedad de escenarios pintorescos, divertidos y dignos de catalogarse.)

A partir de este punto cero no son de gran interés los errores posteriores, debido a que generalmente palidecen en cuanto a magnitud y osadía en relación al error original. No resulta sorprendente que el pecado de comer del árbol del conocimiento tenga repercusiones eternas, mientras que la maldad de las generaciones sucesoras se cure con simples diluvios o lluvias de fuego. Y es aquí donde comienza y termina la discusión sobre el llamado “problema del mal”: ¿A quién echar la culpa del fracaso en el proyecto divino: a Dios, o a los hombres? Me parece que, a estas alturas, ya da igual.

Otro problema a la hora de escribir esta Historia del Fracaso es la falta de voluntad entre las fuentes primarias. No solamente quien pierde calla su intento, sino que también se esmera en ocultar todo rastro de que lo intentó en primer lugar. Es como si el fracasado adquiriera una lucidez momentánea que le revelara lo idiota de sus pretensiones en el último momento, y lo propenso que quedaría al ridículo en caso de ser descubierta su identidad; lucidez con la que, por otra parte, si hubiera contado desde un principio, seguro sus planes hubieran dado resultado.

Published in: on julio 22, 2008 at 2:39 pm  Comments (1)  

Tribus Exóticas

Los exxonistas.
Corría el año de 1968 cuando una delegación de poetas latinoamericanos se embarcó rumbo a Hawai para el II Congreso de Literatura Costeña Joven a bordo del Exxon Kontinental. Debido a un recorte de presupuesto, el crucero que se les prometió en un inicio había sido cancelado, y a los organizadores del evento no les quedó más opción que separar lugares en el buque petrolero. Creyeron necesario comprar algunas bebidas embriagantes para hacer más llevadero el camino. Un muchacho peruano dijo que sentía náuseas y luego comenzaron la celebración, todo antes de siquiera poner pie en el barco.

La delegación despertó de su etílico viaje sobre la plataforma marina #42. El situacionista argentino Andrés Jörg pensó que habían sido traicionados por el ministerio de cultura y que ahora se encontraban en una especie de cárcel al estilo de Alcatraz. Al borde de un colapso nervioso y jurando que saltaría al océano, el argentino tuvo que ser sometido por el resto de sus compañeros. Pasaron unos minutos en silencio, para calmar los ánimos. Al poco tiempo, los jóvenes más atrevidos sacaron del equipaje sus cuadernos y comenzaron a escribir o a declamar.

Los exxonistas, como se llamaban a si mismos desde la publicación del manifiesto homónimo, se conservaron durante largo tiempo como tribu aislada a pesar de los repetidos intentos de administradores u obreros que deseaban comunicarse. Muy recelosos de sus raíces, consideraban que era preferible mantener las dos culturas separadas y ‘enriquecerlas mediante la distancia’.

Los primeros acercamientos fueron amorosos y dieron lugar a escenas similares a las de los Capuletos y Montescos. ‘Sólo mira cómo se viste, esa estúpida cuadrícula abotonada y fajada, ¡por Dios!’ le comentaba el consternado padre exxonista a su señora, ‘y luego su pelo: un asco, ni que fuera la milicia. Seguro que ese muchacho ni conoce a Rimbaud’, y cosas por el estilo. Aunque fricciones permanecen, hoy en día el ambiente general es de tolerancia.

La tribu de los exxonistas cumple este año sus 40 años de aniversario. Ante la expectativa de quedar abandonados al agotarse el yacimiento y el silencio de los respectivos gobiernos a la hora de asumir responsabilidades, Exxon enviará una expedición de rescate con el fin de trasladarlos hacia la recién inagurada plataforma #71.

Los suiftos.
Tribu potencial de escritores humorísticos. Tiene como orígen un experimento mental de carácter ontológico. Sus miembros pueden dividirse a groso modo en dos categorías: marco-tueinistas o bernardo-chauistas; siendo los primeros novelistas, y los segundos dramaturgos. Criticaron sin piedad la moral de la época. Poco a poco se alejaron de la sátira social o religiosa y profundizaron en los conceptos modernos de auto-referencialidad. No tardaron mucho en encontrar el formato de las ‘Tribus Exóticas’ como su modelo de sátira favorito. Asignaron hipérboles de rasgos humanos a estas pequeñas civilizaciones imposibles, todo en un intento de demostrar la ridiculez humana mediante la reducción al absurdo.

Pasó largo tiempo, durante el cual tuvieron momentos de tristeza y reflexión. Finalmente se dieron cuenta de lo ridículo de sus pretensiones, de la imposibilidad de abarcar el infinito, de lo ingenuo de su propuesta. Decidieron, literalmente, hacer parodia de sí mismos. Y así nacieron los suiftos, esa tribu potencial de escritores humorísticos.

Published in: on julio 9, 2008 at 5:38 pm  Dejar un comentario  

Contra el lector

El lector contemporáneo es un mamón. Lo es desde la manera en que selecciona sus lecturas, pasando por sus autores favoritos, hasta los hábitos y manías que intervienen en todo lo que circunda su acto de leer.

En primera instancia, es un mamón porque espera que le sirvan su sopa de letras en bandeja de plata, que le quiten lo espinoso a las tramas y que dejen historias hechas puré de claridad y eficiencia. ¡Como si sólo lo eficiente o lo claro tuviera razón de contarse! Comparados con el lector de hoy en día, los gobiernos que abogan por abolir el precio único en los libros se quedan cortos al considerarlos un mero producto comercial. A falta de lectores dispuestos al mínimo compromiso o esfuerzo intelectual, los autores optan por ofrecer ‘historias bien escritas’ o ‘novelas con oficio’; eufemismo que muy apenas esconde su interés—económico, claro está—de dirigirse al bajo común denominador entre los consumidores de cultura. La sombra del menospreciado lector promedio es el altar bajo el cual encienden sus velas los escritores de éxito. Sirviendo igual de dios y bufón, el lector-consumidor tiene la primera y última palabra. E incluso existen tristes casos, como en toda religión, de fanatismo:

“El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine, pero sobre todo en la primera.” – Carlos Ruiz Zafón.

En segunda instancia, el lector moderno es un mamón porque cree en la inteligencia por simbiosis. Espera que el dinero invertido en un cúmulo de páginas impresas le saque de su trivial existencia y dé fondo a esa superficie de acciones sin sentido a través de las cuales transcurre su vida. El escritor entonces no sólo debe hacer entretenimiento—que, si no fuésemos tan pedantes, aceptaríamos de buen modo—sino que también incite a un riesgo metafísico, uno controlado, según es conveniente, pero que sea riesgo al fin. Me pongo a pensar entonces en escritores como Haruki Murakami en un lado del espectro y a Paulo Coelho en el otro. Intuyo en las digresiones de Javier Marías la simulación de un laberinto, que en realidad sólo cuenta con un camino por recorrer, del cual no es posible perderse. Pienso en Vila-Matas, construyendo tormentas inter-textuales en un vaso de agua, y luego soñando que sus lectores caerán en el anzuelo de la vanidad y comprarán sus libros para sentirse cultos por asociación.

Y me pregunto: ¿Cuándo regresarán los verdaderos laberintos, las verdaderas tormentas, los verdaderos viajeros que se pierden y nunca vuelven?

Published in: on julio 8, 2008 at 10:02 pm  Dejar un comentario  

Personajes Modernos

Caracterización mediante:

a) Ropa de Marca y Música Pop favorita: Bret Easton Ellis
b) Enfermedades y/o desgracias familiares: Philip Roth
c) Pasajes favoritos de Shakespeare y/o digresiones hipnóticas: Javier Marías
d) Fascinación por un personaje ficticio a partir del cual se escribe un libro: Paul Auster
e) Diálogos humorísticos y bastante elaborados pero  francamente imposibles: Don Delillo
f) Tipografía ‘experimental’ y cursi: Jonathan Safran Foer
g) Parecido con escritores y/o personajes con imaginario ya hecho: Enrique Vila-Matas
h) Repetición Irritante: Chuck Palahniuk

Published in: on junio 30, 2008 at 9:10 am  Comments (2)  

Poetry Slam

Antes de comenzar a mentar madres, tengo que reconocer que me divertí. Es decir, comparado con el nivel de ingenio que se maneja en un club de comediantes cualquiera al estilo del Unicornio Azul, no quedan tan mal. Lo cual tampoco es decir mucho, claro está. Considerando el reciclaje y hurto masivo de ideas que se maneja en esos lugares de humor genérico, cualquier cosa que sea moderadamente original pasará por genial para la gente como yo, acostumbrada o resignada a imitaciones y canciones de Paquita la del Barrio o Juan Gabriel.

Mi queja comienza desde el nombre: Poetry Slam. ¿Es poesía? Muchos dirán que sí lo es, como muchos también dirán que se trata simplemente de standup seudo-intelectual. Supongo que es como llamar a American Idol un concurso de canto a secas. Y es que para tener éxito mínimo en el evento, las habilidades histriónicas son básicas, como también lo son una buena presentación post-bohemia -nada de shorts o camisas a cuadros- y una voz que no chirree. Una vez cumplidos tales requisitos, poco importa si lo que se vomita es erótica de panfleto o estúpidas lucubraciones dadaístas. Lo cual me lleva, en espléndido non sequitur, al siguiente punto: ¿Es Slam? Definitivamente no. Ni siquiera en un grado leve, de amistoso golpeteo. Déjenme establecerlo de una vez por todas: lo que le falta al Poetry Slam son más patadas. ¿Cómo puede hablarse de verdadero Slam cuando todos los egos de los participantes salen intactos e idénticos de como llegaron? Si no ven poetas llorando o cortándose las venas al final del evento, por favor cámbienle el nombre a Poetry Polite o Poetry Politically Correct.

Y como digo, me divertí. A pesar de la cursilería nostálgica y de los poemas cuadrados y costumbristas de un gordo folclórico de Augsburg. A pesar de ‘La dama del sombrero’ y la horrenda historia del muchacho calenturiento que se clava con una mujer que sabe a ‘limón y tequila’; a pesar de los lugares comunes empleados y de las imágenes sacadas literalmente de un taller literario. A pesar de mí y a pesar de todo, como dice la canción.

Bah.

Y creo que me divertí.

Published in: on junio 28, 2008 at 10:00 pm  Comments (1)