De Vuelta

He conseguido un trabajo, lo que, en estos tiempos de crisis, no es poca cosa. Ya se imaginarán de qué se trata, por lo que les he contado hasta el momento: tiene que ver con glándulas que escupen fuego, mueven engranes y prenden luces. Me encanta, aunque es verdad que podría morir allí de un descuido: si me distraigo en la jaula de los changos, o si me enamoro de la mujer jirafa, por ejemplo. Soy un domador de dragones, aunque ese no sea el título oficial, ya que me contrataron por vía de una empresa fantasma. Evadir impuestos y ahorrarse prestaciones, me dijeron.

Un trabajo muy técnico, de esos que no le cuentas a tu novia por miedo a que se aburra y se le ocurran ideas perversas como querer casarse. Claro que no le he dicho exactamente qué hago, así que probablemente me vea en su cabeza sentado frente a una hoja de excel haciendo números. Mejor así, me digo. A ella la despidieron hace poco y no quiero echarle en cara mi éxito. Como domador de dragones se gana bien, lo que hace las cosas complicadas: la sigo llevando a lugares que ahora me parecen terribles y le regalo pura porquería.  Hay que fingir bien, y como saben, soy pésimo para eso.

Published in: on diciembre 20, 2008 at 6:46 pm  Dejar un comentario