Explosión

De las cenizas el blog resurge.

I
“Me arroja del jergón el estampido más cercano que haya oído desde que vivo aquí. He percibido la explosión antes de la explosión, como si la costumbre, aun en sueños, hubierse aguzado mi instinto de inminencia. Sexto sentido o vientre de culebra que anticipa el terremoto, en ningún caso me he ahorrado una taquicardia de las de encomendarse al Niño Jeszulín. En el exterior cascabelean los cristales astillados, una vibración ronca satura el aire. Cien voces alarmadas, la noche se vacía en rectángulos de luz. Ha sido a no más de dos calles: al poco, decenas de destellos anaranjados y azules peinan las fachadas, colorean a ráfagas lo que parece una festiva nube de confeti revoloteando en un tornado de polvo y humo ya empenachado por los géiseres de las autobombas. Me visto a toda prisa, a qué dormir cuando por una vez no tengo que inventarme la noticia”
[y luego:]
“Una mujer abraza con amor un puñado de papeles chamuscados alzando los ojos a un cielo incendiado con millones de palabras sacrificadas en hecatombe, silueta menuda quebrada contra una lluvia de pavesas de volcánica belleza.”

[Esa ciudad, Javier Pastor, p. 142]
II
“Aún no acababan de caer todas las bombas alemanas en aquella destrucción de Belgrado de abril de 1941, cuando Gavrilo Dimitrijevic se anotó como voluntario al servicio de los que salvaban las hojas chamuscadas de los pretéritos libros serbios de la destruida Biblioteca Nacional. Parecía un hombre consumido por ese mismo fuego de la plaza Kosancicev Venac, donde se encontraba la biblioteca.
-Llegaba como enajenado, con los bolsillos atestados de fragmentos de libros calcinados que caían de los árboles alreadedor de la biblioteca incendiada, tratando de salvar de esas cenizas, por la noche, al menos alguna que otra palabra legible. Parece que había logrado descifrar algunas que transcribía con su letra moldeada y enviaba en sobres encerados al profesor Veselin Cajkanovic, y más tarde, en secreto, al monasterio Ljubostinja, donde el gobierno alemán tenía internado al obispo Nikolaj Velimirovic.”

[La Mano de la Buena Fortuna, Goran Petrovic, p.49]

Published in: on marzo 15, 2010 at 6:51 am  Dejar un comentario