Te(cn)ología

Termino de leer The Three Stigmata of Palmer Eldritch, de Philip K. Dick.

1. La manera en que funciona uno de los elementos principales de la trama, la droga Can-D, me parece una prefiguración de lo que hoy se manifiesta como las realidades alternas al estilo World of Warcraft o Second Life. La experiencia de traslación al mundo falso es compartida a manera de ritual colectivo; existen recordatorios dentro del mismo mundo que se trata de un simulacro; la experiencia no puede durar más de un período finito de tiempo. Incluso se maneja la idea del avatar, recurriendo a los personajes de Perky Pat y Walt, figuras (o mejor, muñecos) de fisonomía perfecta e inmutable.

2. En la novela, la droga Can-D termina pasando a ser obsoleta por la llegada de Chew-Z, que convierte la inmersión en el mundo paralelo en un conflicto teológico. La colectividad de la experiencia virtual es suprimida. Lo que antes era una entendible técnica de evasión (imaginada por Dick como consecuencia de una civilización aburrida en los tediosos parajes de Marte) mediante Can-D, se convierte en una experiencia de solipsismo puro con Chew-Z. Para lograr el simulacro perfecto es necesario el aislamiento total. Tecnológicamente, esto sólamente es posible mediante la presencia de un ente superior -Eldritch, en la novela-, quien se encargue de sostener los mundos creados por cada uno de los usuarios de la droga.

3. Si entendemos bien la profecía de Philip, el siguiente paso de los videojuegos y la realidad alterna sólo tendrá lugar cuando se desarrolle una inteligencia artificial que, para efectos prácticos, sea superior a la nuestra. No quiero por ello referirme forzosamente a la singularidad, concepto por demás elusivo, sino a una interfaz que sea capaz de poblar los mundos artificiales con aquéllos que ya existen en los cerebros de sus jugadores. Una vez que el enlance entre juego y jugador sea total, no habrá diferencia entre Chew-Z y la vida.

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Published in: on febrero 9, 2009 at 10:46 pm  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Esa inteligencia, Rafael, probablemente está empezando a existir: su embrión puede ser el entramado mismo de la red, que aprende a velocidades enormes.

    Por lo demás, buenísima lectura. Saludos…

  2. Eso es muy probable, Alberto. Habrá que ver qué tan lejos llega la plataforma de conexiones que se dispone, o si eventualmente tendremos que pasar por una nueva versión de tecnología -quizás orgánica- a la Cronenberg.

    Saludos!


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