Bíblicas (I)

-¿Ya no te gusto?, susurró a su oído.
-Ya vas a empezar.
-Es en serio. Siento que ya no me ves como antes.
-¿Ver qué?, dijo asomando los ojos tras sus bifocales.

La financiera reportaba la caída en el mercado de ovejas. Especulación. Y su asesor les había recomendado diversificar su portafolio. Mierda.

-¡Ay! Es como si ya no existiera. Como pintada. A veces pienso lo que hubiera sido si…
-¿Vas a empezar de nuevo?

Pensó: desierto.

-No hubiera sido tan difícil, ¿sabes?
-Ajá. Facilísimo, me imagino: raparme mientras duermo. Ya me sé el cuento, gracias.
-Eres insoportable, y se dio la vuelta en su almohada.

Él cerró los ojos y trató de recordar. Filisteos, unos veinte. Vaya que habían exagerado los números, pero bueno, así es como se hacen las leyendas.

Dio un breve sorbo a su café. Agruras, otra vez.

-¿Qué quieres?, preguntó él.
-Ni siquiera te has dado cuenta. ¿No lo ves?
-Eh…
-Olvídalo.

Dejó el periódico al lado. Concentró energía mental y posó una mano sobre el seno, mientras se le acercaba. Ella sonrió, brevemente.

Al cabo de unos minutos, una distancia enorme se relativizaba en la cama. Finalmente, Dalila se le acurrucó.

-Ya te lo he dicho, dijo él, apenado.
-Sí, sí. Tu fuerza, respondió al acariciarle la calva.

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Published in: on octubre 10, 2008 at 3:35 am  Dejar un comentario  

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