Estructuras y Convergencias

I

Últimamente leí dos novelas que empiezan en la Ciudad de México y que terminan en un mundo, para fines prácticos, apocalíptico. Ambas novelas escritas por extranjeros: uno chileno, otro argentino. Hablo de “Los detectives salvajes”, de Roberto Bolaño, y “Mantra” de Rodrigo Fresán.

La similitud más importante, o siquiera la que más salta a la vista, es la estructura que comparten.

“Los detectives salvajes” inicia con la parte autobiográfica de el poeta García Madero, que relata sus experiencias con los infrarrealistas (grupo poético vanguardista de los 70’s) lidereados por Ulises Lima y Arturo Belano. Le sigue a esto el grueso de la novela, donde se sigue la pista de Lima y Belano durante más de veinte años a través de ciudades de todo el mundo, desapareciendo por completo el narrador inicial. Éste es suplantado por los testimonios de decenas de voces, todas con registros únicos, consistiendo en la verdadera parte detectivesca de la novela. En la tercera parte, el diario de García Madero recomienza, una vez explicados los destinos de Ulises y Arturo, cerrando en los desiertos de Sonora la búsqueda planteada en el inicio.

En el caso de “Mantra”, Rodrigo Fresán también utiliza esta estructura de tríptico. En la primera parte, conocemos al niño genio Martín Mantra mediante un narrador al cual la memoria le ha sido degradada debido a un tumor cerebral. Ese primer acercamiento a la figura inasible de Mantra, como elemento raro e incomprensible, es acompañado por la debilitación del lenguaje del narrador, hasta que precipita en silencio y la parte acaba. Le sigue la parte del diccionario, en la cual un muerto francés narra y explica su tránsito por la ciudad de México, su relación con la prima de Martín Mantra, María-Marie, y el proyecto de la destrucción de la Ciudad de México a manos del Capitán Godzilla. Finalmente, en la tercera parte, el hijo-robot-momia de Martín Mantra viaja en búsqueda de su padre, en evidente parodia/homenaje a Pedro Páramo.

Cosa curiosa: mientras ambas novelas comparten estructura, sus puntos de partida son temáticamente opuestos. Mientras que Bolaño opta por la poesía como punto de arranque para mostrar las partes más oscuras de los personajes y funciona prácticamente como una excusa para desplegar las líneas de acción y construir su universo, Fresán empieza de la cultura popular (la lucha libre, las telenovelas, los filmes de ciencia-ficción) para pretender dar forma al imaginario mexicano, y luego, de paso, pervertirlo en algo totalmente diferente, permitiéndole un final casi místico.

II

Recomendación rápida para desocupados: “Galaor”, de Hugo Hiriart. Novela de caballería andante, princesas disecadas, y caballos parlantes (aunque poco elocuentes).

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Published in: on septiembre 11, 2008 at 5:00 am  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. A Fresán lo acabo yo de comenzar a leer. Abrí un libro de ¿cuentos? llamado La velocidad de las cosas y me tiene maravillado. Supongo que iré luego poco a poco con lo demás. De Bolaño, bueno, es autor favorito.

  2. Gracias por la recomendación, habrá que encontrarlo.


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