Tolerancias

Todo movimiento se traduce en pérdidas por fricción y ésta, a diferencia de lo que les dijeron sus maestros de secundaria, nunca se desprecia. Además, toda esa energía de rozamiento se traduce en calor, el cual de alguna u otra forma es indispensable sacar del sistema para evitar catástrofes.

Por tal razón, a la hora de diseñar un dispositivo con partes móviles, no sólo es indispensable la elección del lubricante, sino también la correcta definición de la tolerancia geométrica entre los objetos en traslación o rotación.

Tomemos el caso más simple: una flecha que gira en un hoyo. A la hora del diseño, el diámetro de la flecha y el hoyo están definidos por la función del aparato en cuestión. Lo que queda saber es hasta qué grado de precisión es factible elaborar las partes. El primer factor a considerar es la técnica, el grado de exactitud que el proceso de manufactura permita. Una vez establecido que es posible la creación, se pondrá en juego el segundo factor, el económico. De acuerdo a las necesidades del aparato, se elige una categoría subjetiva que mejor represente los requerimientos funcionales, y luego ésta se traduce en numeros, que definen el margen aceptable de desviación a la hora de el control de calidad.

Todo movimiento se traduce en fricción, especialmente en un mundo de culturas y religiones con idiosincracias labradas en roca. Toda esa energía de rozamiento se traduce en explosiones y más calor, el cual ya empieza a incomodarnos a pesar de la buena distancia con el medio oriente.

A la hora de diseñar una política exterior, no sólo es necesario planear visitas a fórums burbujeantes de multiculturalidad y diversidad, sino también definir correctamente lo que se tolera y cómo se tolera. Los diámetros de la occidentalidad y el islam (por usar un ejemplo burdo), están menos definidos de lo que a primera vista pareciera. A fin de cuentas hablamos de organismos vivos, no de acero fundido.

Tampoco es aconsejable olvidar una regla básica en la elección de tolerancias: entre más grande la pieza, menos tolerancia es posible demandar. Sería tan estúpido pretender un cambio eficaz en la sociedad machista a partir únicamente de leyes que así lo dicten, como lo sería esperar una desviación nanométrica en los rodamientos del motor de un submarino. Eventualmente la técnica nos llevará a poder implementar ambas cosas si así lo deseásemos, pero habría que preguntarse si no hay otro modo mejor.

Evidentemente lo hay. Si elegimos al individuo en lugar de al grupo como foco del diseño, es posible demandar mayor precisión e inteligencia a la hora de la tolerancia. La clave recae en permitir al individuo el acceso a un vasto cúmulo de información diversa.

Así se comportará menos como un metal templado y más como una cadena polimérica, dispuesta a encajar sin tanto problema.

Imagino que también habrá quienes, a pesar de todos los beneficios, se rehúsen a aceptar el feo mecanismo producto de todo ésto. Dirán que es una herejía o un hijo del relativismo moral. Querrán destruirlo, puesto que no se ajusta a la imagen estético-moral que ellos esperaban.

Sin saberlo, se volverán al poco tiempo en tornillos y clavos desgastados, y tendremos que guardarlos en un cajón para no usarlos más.

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Published in: on mayo 27, 2008 at 6:00 pm  Dejar un comentario  

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