Control

Desde hace algunos días vengo pensando mucho sobre el suicidio. ¿Qué lo motiva? ¿Cuánto tiempo tarda uno en decidirse? ¿Hay suicidios de pasión, premeditados, inevitables o justificados? Y es que no entiendo las interpretaciones que dan mis contemporáneos sobre el fenómeno: no me explico que tiene de fácil la llamada ‘salida fácil’, con tanta gente que se arrepiente en el último momento o que falla en su intento de tomar la vida propia.

Veo, ante la pesadez de la muerte, ligereza de ideas a la hora de juzgar.

Para iniciar el análisis, supongo lo siguiente: todo suicidio tiene su base en un cambio de estado. Del ser al no ser debe existir un escalón que divida. Culpa de ésto lo tiene la visión de mundo que los seres humanos adjudicamos a los eventos: debe existir una causa para cada efecto. O, en otras palabras, ‘nadie se mata porque sí’.

De esta suposición paso ahora a la teoría de control de lazo cerrado. Tomemos la entrada E() como el estado del individuo, la planta G() como la manera en que dicho individuo interpreta la entrada E() y la convierte en la salida S(). Supongamos, en una simplificación arbitraria, que el individuo reacciona proporcionalmente a los cambios de estado en E() con un controlador P(). Es decir, entre más drástico sea el cambio en el estado del individuo, más drástica será su respuesta. Una infidelidad lleva a una semana de borracheras, mientras que un divorcio a una orden de restricción.

Ahora bien, supongamos que el individuo en cuestión nació con un controlador P() ajustado con una constante de proporcionalidad demasiado elevada. Es fácil de identificar, pues sus reacciones son irracionales para la demás gente. De niño se golpeaba con otros niños con frecuencia. De adulto era incapaz de mantener una relación sentimental prolongada. Eventualmente un cambio en su estado provoca una respuesta con un sobre-tiro mayor al doble de lo necesario. El controlador del sujeto es inútil para estos casos, e intenta bajar rápidamente, lo cual causa un sobre-tiro negativo aun mayor. La sucesión de reacciones es inestable y su amplitud crece conforme el estado real se mantiene constante. Finalmente la planta G() del individuo no puede más con la amplitud exigida por P() y se autodestruye.

Con la misma base teórica es posible entender a los psicópatas como individuos que ajustaron su constante de proporcionalidad a niveles muy por debajo de la media: son incapaces de procesar mediante su planta los cambios que provocan, ya que el cambio de estado tarda mucho en ser percibido, o incluso nunca lo es.

¿Qué pasa entonces con aquellos que, sin llegar a la inestabilidad que crece exponencialmente, se mantienen en un estado infinito de oscilación entre dos puntos que nada tienen que ver con el cambio experimentado? En el diagrama del lugar de las raíces se colocarían sus polos exactamente en el eje imaginario. En la vida real les llamaríamos locos…

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Published in: on mayo 24, 2008 at 11:56 am  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Interesante…

    ¿y las gráficas? te imagino haciendo trazos frenéticos en un pizarrón, te faltamos los volubles de P() varaible…


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