“[...] Porque obligaba a tener trato con gente rara y a enterarse de toda clase de anécdotas cuya acumulación acababa provocando un extraño mal que ‘de golpe y porrazo’ (ya lo dice la expresión) dejaba tieso al enfermo al pie de un murete, con todas sus historietas encerradas en la barriga, inaccesibles ya a la curiosidad de los holgazanes. Sin embargo, don Gaetano, el padre del sacerdote, había conseguido salvarse de esa enfermedad profesional gracias a una higiene rigurosa basada en la discreción y en el uso oportuno de remedios preventivos; de modo que había muerto de una pacífica pulmonía cierto domingo soleado de febrero en que el viento zarandeaba los almendros en flor.”
El Gatopardo, G. Tomasi di Lampedusa