Noche, un BAR. En una mesa, fumando un cigarrillo mentolado, está sentado BENJAMÍN. Al lado, beben cerveza PABLO Y GONZALO.
De todos los Nobeles de literatura, creo que José Saramago ha sido uno de los más tontos. Y antes de que explique mi razonamiento, quiero aclarar que lo que acabo de decir es un cumplido: entre menos capacidad intelectual, más necesidad de una escritura técnicamente perfecta, y por ende, más merito. Porque, a simple vista, los libros de Saramago parten exclusivamente de tópicos y lugares comunes: que si somos buenos o malos por naturaleza, que si la historia se distorsiona por el poder, que si los sistemas políticos fallan y conducen al totalitarismo, que si la muerte es parte del ciclo de la vida, etcétera. Su modus operandi consiste en tomar un elemento común y quitarlo, o hacer que éste deje de funcionar.
BENJAMÍN
Se me ocurre uno: “y un día, de repente, a todos los hombres se les deja de parar”.
PABLO
Título: “Ensayo sobre la flacidez”
GONZALO
Oye, muy bueno, Gonzalo. Aunque igual y te demandan por plagio: hace poco hubo una película en esa línea Saramago-esca. No sé si recuerdes, Children of Men.
BENJAMÍN
Claro que sí. Paula se me puso al brinco cuando la llevé a verla. Dijo que sólo a un macho impotente se le puede ocurrir esa mamarrachada de trama. Decía que, como siempre, las viejas terminan cargando con toda la culpa: que no se pueden embarazar, ni querer, ni serles fieles: ahora porque se acaba la raza humana y nos carga el payaso. Misoginia disfrazada de ciencia ficción.
GONZALO
Pues a mí me gusto…
PABLO
Igual que a mí los libros de Saramago. El punto es que si detrás de ambos hay verdadera inteligencia, o sólo técnica y luces artificiales.
BENJAMÍN
Yo no diría que se trata de inteligencia en estado puro. Más bien, requieren de mucha imaginación para llevar la idea hasta sus límites. Y aunque la idea sea una tontería, puede funcionar en el extremo.
GONZALO
Primer Capítulo: “Y con la muerte de la erección, lanzamos más de cien cohetes a la luna, rellenamos las ciudades de rascacielos, e izamos patrióticas banderas por los aires: todo en evidente síndrome de compensación. Además, como era esperado, el rock & roll perdió toda razón de ser.”
PABLO
Por otro lado, también están los maliciosos: los que crean personajes insípidos, pero rodeados de situaciones extraordinarias. Entonces que hay un fuerte contraste entre la nulidad imaginativa de los caracteres y la posibilidad que se condensa en la mente del espectador. Como en Murakami, donde el humor negro de sus ambientaciones se lleva de largo a sus tan acostumbrados héroes new-age.
BENJAMÍN
(Entra LA MESERA con una tina de cervezas)