Muerte

¿Traerá mala suerte empezar a escribir una bitácora con esta palabra? Es decir, lo típico es terminar, renunciar, desaparecerse, volar y olvidarse con un bonito post dedicado a tal fenómeno. Tiene lógica: le añade caché, vértigo y universalidad a lo previamente escrito, y es cosa que acostumbran los autores de mejor sueldo.

All Plots Move Deathward, nos explica Delillo en su comedia White Noise.

¿A qué le tiro nombrando a la señora parca tan rápido? ¿Podré acaso mantener un lector interesado, soltando así de buenas a primeras el as narrativo por excelencia? Podría farolearlos –bluffearlos, en spanglish– prometiéndoles más y más sangre, una montaña de cadáveres, un holocausto nuclear, una carretera de McCarthy o un experimento fallido del cual ya nadie tiene memoria. Ni pensarlo.

El problema es que leen a un Ingeniero.

(Podrían estar leyendo cosas exponencialmente más interesantes que mis palabras y sin embargo aquí siguen. Lucas 23,34)

Y es que todos los Ingenieros, aunque especialmente nosotros, los Mecánicos, pensamos de maneras un tanto diferentes. Pensemos en un coche, por ejemplo.

¿Saben con cuántas partes móviles cuenta un motor de combustión interna, digamos un Otto de seis cilindros? ¿Saben quién se encarga de comprobar que sus piezas estén en orden, que las tolerancias geométricas se cumplan, que el aceite y los aditivos no aceleren la corrosión de las flechas, que su árbol de levas sea diseñado en perfecta sincronización?

En el estudio de los Elementos de Máquinas se establecen los ciclos de vida de cada parte, pequeña o grande, mísera e irremplazable. Se crean protocolos internacionales para probar y comprobar su funcionamiento –como el conocido ISO y el DIN– y se establecen factores de seguridad para minimizar los accidentes. Porque, nos guste o no, los casos de falla, quiebre, corrosión, desgaste, deformación y fatiga pueden ser correlacionados entre sí de forma estadística logrando un desempeño general consistente y aceptable, aunque sería imposible –por razones económicas– brindar la seguridad al 100%. Desde el momento de la planeación, si se tiene el know-how, es factible diseñar para que el mecanismo aguante el tiempo necesario y ni un ciclo más. Con pequeñas excepciones, claro.

He aquí que podrán imaginar por qué un ingeniero ve la Muerte desde una óptica oscura –A Scanner Darkly, según K. Dick y 1 Corintios 13– y lo difícil que resulta para un hombre de engranes creer en una deidad benévola y omnipotente. Contando con toda la destreza técnica que resultó de elaborar sus propias leyes físicas, la disponibilidad de usar los mejores materiales, los algoritmos de control más sofisticados, la misma creación del entorno y, con ello, sus mecanismos de protección, todo esto considerado, finalmente la deidad hipotética termina con un producto mediocre que caduca a los 72,5 años, en promedio. Comparado con la vida de una estrella o un planeta, la de un servidor no es más que una bujía o un retrovisor pirata.

El proyecto de crear al ser humano no hubiera pasado por el inspector de calidad más laxo sin un soborno, se los aseguro. Especialmente en estas épocas de crecimiento sustentable, cambio climático y Pangea Day.

Por ahora me despido, pues he olvidado unas pruebas de rodamientos para tráileres [MARCA BORRADA POR MOTIVOS DE CONFIDENCIALIDAD] que llevo dos semanas posponiendo y que, de seguir escribiendo, terminaré por inventar sus resultados.

¿Una recomendación de amigo?

Conduzcan despacio.

Publicado en on Mayo 16, 2008 at 8:29 pm Comentarios (1)

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Un Comentario Leave a comment.

  1. Vaya vaya… no se cómo he llegado a este espacio tuyo, pero luego de buscar y leer tu primer post me ha gustado, me tomará un tiempo leerte pero de vez en cuando daré un vuelta.


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